sábado, 20 de diciembre de 2008

La luminosa idea de Sebastián


Sebastián, ministro cuota de industria, ¡vayan ustedes a saber por qué meritos!, parió una brillante idea hace algún tiempo: Repartir una bombilla de bajo consumo a cada hogar español. Y como se conoce que el inquilino de Castellana también vio en su momento los anuncios de Petit Suisse, pues él también ha decidido darnos dos para que nos iluminemos mejor.

Lo grave del asunto no es lo que nos va a costar este estupidez: Unos 43 millones de euros repartidos en dos años (aproximadamente la mitad por cada entrega de bombilla), lo que son más de 7100 millones de pesetas. No es grave porque ciertamente el reparto de marras se compensa más que de sobra con lo que la bombilla supone de ahorro en el consumo.

Lo verdaderamente dramático, y esto tiene tintes casi trágicos, es que se constata una vez más que tenemos al frente de uno de los ministerios más importantes a un incompetente que no sabe qué hacer con él.

La "operación bombilla" es una imbecilidad supina se mire por donde se mire. En primer lugar, porque aunque - a mal que se haga- se ahorre dinero, lo cierto es que las bombillas de bajo consumo no tienen un precio tan prohibitivo que no se lo puedan permitir la mayoría de los hogares, menos aún aquellos que se plantean cómo reducir la factura de la luz.

Por otra parte, repartir bombillas no conciencia a nadie. Se reparten, se usan y cuando se funden se tiran y no existe ni una sóla razón para que en ese momento se pase a comprar una bombilla de bajo consumo si no es algo que se desee hacer; porque, de hecho, en un año una bombilla de bajo consumo puede suponer un ahorro en la factura de unos 15 euros; lo que, teniendo en cuenta el precio, el ahorro total no es tan elevado como para convencer a nadie.

Y, por si todo esto fuera poco, las bombillas de bajo consumo contienen mercurio. En cantidades muy bajas que no son perjudiciales para la salud humana; pero, en definitiva, estamos hablando de mercurio, el mismo metal cuya exportación desde España fue prohibida por Bruselas por razones de salud humana e impacto medioambiental.

Vamos, una maravilla de medida. Sin lugar a dudas.