jueves, 7 de agosto de 2008

Embryo: A Defense of Human Life


Embryo: A Defense of Human Life, escrito por Christopher Tollefsen y Robert P. George.

Christopher Tollefsen es profesor de filosofía.

Robert. P. George trabajó en la Comisión de Derecho Civiles de EE.UU. y fue académico de la Corte Suprema de los Estados Unidos y actualmente es miembro del Consejo de Bioética del Presidente de EE.UU y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores. Es uno de los padres de la "Nueva Teoría de Derecho Natural".


"Embryo: A Defense of Human Life" es un libro lleno de argumentos en contra del uso inhumano de embriones. El libro pretende dejar al margen las cuestiones religiosas y ahondar en aquellas de índole científica y filosófica sobre las que construye un argumentario bastante sólido.

Este no es un libro dirigido a sectarios. Es un libro dirigido a personas con mentalidad abierta y predispuesta al análisis crítico de sus posicionamientos. Para aquellos que estén convencidos de que determinadas técnicas son contraproducentes desde un punto de vista religioso quizás pueda aportar cierta satisfacción de ver ampliado el círculo de sus motivos, pero poco más. Aquellos a los que su sectarismo predisponga en contra, probablemente rechazarán la idea de coger entre sus manos un libro como este. ¡No digamos leerlo!

El libro comienza contando la historia de un chico llamado Noah, nacido en enero de 2007. Fue rescatado, junto con otros embriones congelados, del desastre que sacudió Nueva Orleans en 2005. Se salvó la vida de Noah –una vida humana–, apuntaban George y Tollefsen, la misma vida que más tarde fue implantada en un útero y posteriormente nació.

El libro sostiene que hay tres puntos clave a tener en cuenta cuando se considera el estatus humano del embrión:

— Es distinto de cualquier otra célula de la madre o del padre.

— En su componente genético, es humano.

— Es un organismo completo, aunque inmaduro, y a no ser que la enfermedad o la violencia se lo impidan, se desarrollará hasta su etapa madura de ser humano.

Por consiguiente, destruir embriones humanos, incluso en una etapa temprana, para obtener células madre para investigación, es dar licencia para matar a cierta clase de seres humanos en beneficio de otros.

Oponerse a la destrucción de vida humana en sus etapas iniciales no tiene que ver con principios religiosos, ni con creer que la vida está revestida de un alma, añade el libro.

"Para ser un organismo humano", escriben, "una entidad debe poseer un programa de desarrollo (incluyendo tanto su ADN como sus factores epigenéticos) orientada hacia el desarrollo de un cerebro y sistema nervioso central." Dicho programa comienza en la concepción, por lo que ahí nace la persona.

(New York Times)

La razón filosófica es suficiente para guiarnos en la determinación de lo que es lícito hacer con los embriones humanos. En este sentido, defender los derechos del embrión es igual que defender a la gente contra la discriminación injusta, sostienen George y Tollefsen.

Por tanto, si un científico busca una cura para alguna enfermedad, pero el método utilizado destruye deliberadamente una vida humana, su acción no es lícita.

Uno de los capítulos del libro trata la objeción de que, aunque un embrión pueda ser humano, no es una persona y no tiene la misma dignidad y derechos. George y Tollefsen replican que tal punto de vista cae en el error de considerar que unos seres humanos son inferiores a los demás sobre la base de sus características accidentales.

Por tanto, debemos darnos cuenta de que una diferencia cuantitativa de capacidades no es el criterio correcto para determinar los derechos, puesto que sólo es una diferencia de grado. La verdadera diferencia está entre los seres humanos y los demás animales no humanos, una diferencia radical. Así, el embrión es un adulto en potencia en el mismo sentido en que lo son los bebés, los niños y los adolescentes.

Otro argumento falaz, dice el libro, es el que sostiene que los embriones no merecen un estatus moral pleno porque un alto porcentaje de ellos no logran implantarse en el vientre materno o mueren por aborto espontáneo.

La falsedad de este razonamiento es también evidente, apuntan George y Tollefsen, cuando se considera que, históricamente, la mortalidad infantil ha sido muy alta. En tal situación, el hecho de que muchos bebés mueran no vuelve ético el que se les quite la vida en beneficio de otros.

El libro va planteando así una serie de líneas de razonamiento de uso común entre los defensores del uso de embriones y respondiendo con argumentos científicos y filosóficos a las distintas cuestiones.

De una forma u otra, el argumento que subyace detrás de todas ellas es que “los seres humanos tienen un derecho moral a que no se les dé muerte de forma intencionada en beneficio de otros”.

Más información en: COPE.

El extracto del New York Times se corresponde con un artículo crítico con el libro.