martes, 20 de febrero de 2007

Doce de Septiembre. Un libro muy recomendable.

No suelo recomendar libros. Y menos hablar de ellos porque ya hay demasiada gente que habla de libros. Y muy poca que los lea. Suelen ser los que se pueden identificar a través del lema "me he leído un libro". A lo mejor, efectivamente, se ha leído un libro. A lo peor, y lo más común, es que no haya pasado de leer algún que otro fragmento suelto de algunos libros que suelen desgraciadamente reforzar la escasa capacidad intelectual que acostumbra a serles propia a estas personas, al hablar todos ellos de una misma idea, tal vez la única que son capaces de comprender.

El caso es que por una vez voy a hacer una excepción porque la ocasión lo requiere.


El título del libro es de por sí más que sugerente: "Doce de septiembre. La guerra civil occidental". La frase de la contracubierta, lapidaria:

"El 11 de septiembre de 2001 no cambió nuestro mundo sino que puso de manifiesto cuánto había cambiado mientra no mirábamos."

El contenido del libro, impresionante.


Doce de septiembre es un libro que no deja indiferente. Y no lo digo porque al verlo en cualquier estantería o mesa de una librería el color rosado de la cubierta lo haga fácil de localizar, incluso de tropezárselo; sino porque de principio a fin "Doce de septiembre" construye un sólido cuerpo argumental que es muy difícil esquivar (si no imposible). Tal como termina diciendo Álvaro Vargas Llosa al final del prólogo, este es un libro imprudente; y es precisamente en su imprudencia donde alcanza toda su fuerza.

El libro se divide en tres secciones: La disolución de la realidad, el socialismo de los necios y, el mundo poscontemporáneo. Tres secciones que conducen al lector a través de la actualidad (nombres de referencia como Bush, Michael Moore, Noam Chomsky, o Terri Schiavo ...) a una reflexión sobre el cambio que se ha ido operando en nuestra civilización hasta el punto de estar sumidos en un conflicto entre civilizaciones que está, - tal como concluye el autor -, instalado dentro de la cultura occidental.

Durante la primera sección, Martín Alonso explica los efectos devastadores que ha provocado en la sociedad la carencia de recursos intelectuales y morales para hacer frente a la realidad.

En la segunda, nos acerca al valor de la libertad y cómo los baluartes de la misma son denostados una y otra vez por los enemigos de Occidente.

Y en la tercera, con un argumentario demoledor e insoslayable, se llega a una conclusión brutal y aterradora: No es una guerra religiosa ni cualquier otra variante la carcoma que destruye los cimientos de nuestra sociedad. Es el exterminio de nuestra identidad, la persecución de nuestra libertad, acosando para ello incluso nuestra posesión más básica, la vida, lo que está matando a Occidente, lo que nos está matando a todos, para dar paso a la masa, a la pérdida de identidad y de libertad.

En definitiva, estamos ante un libro que, en mi humilde opinión, es muy recomendable; y es por eso que he roto esa costumbre mía de no recomendar libros y mucho menos comentarlos.

Finalmente, acepten mis disculpas por mi osadía y por mi torpeza en el empeño. La falta de oficio sobre el particular es más que notable; pero espero, con todo y con eso, haya servido esta pequeña nota para animarles a leer un libro que por gustarme me ha llevado a comentarlo y hasta a recomendarlo a pesar de mi poca experiencia en el asunto, como ya habrán podido comprobar.


Comentario final:

El libro abre con el prólogo de Álvaro Vargas Llosa, hijo del escritor Mario Vargas Llosa. Un prólogo curioso donde el autor del mismo explica sus propias divergencias con el autor del libro que prologa.

Entre dichas divergencias, Vargas Llosa apunta que como es liberal no comparte la opinión del autor sobre el aborto, al que presenta (Martín Alonso) como una traición a los valores occidentales. Evidentemente, yo sí acompaño a Martín Alonso en su valoración. Y no entiendo qué tiene que ver ser o no liberal con juzgar el aborto como una traición a los valores occidentales que nacen con la polis en Grecia y se prolongan desde Roma a través del humanismo y de la tradición judeo-cristiana. La defensa del individuo, de la libertad y de la propia vida han constituido, y constituyen, la base misma de los valores occidentales.

Es curioso como a algunas personas les coincide su pensamiento liberal con el pensamiento socialista. Que yo sepa el socialismo no propugna la obligación de abortar frente al al no abortar conservador. El socialismo elimina la responsabilidad del acto y bajo el postulado de que cada uno haga con su cuerpo lo que quiera defiende la decisión de abortar.

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